10 nov 2011

Laberinto de pesadillas

Cierro los ojos y entro en estado de trance absoluto. Mi frente transpira, el calor de la sangre en mi cabeza aumenta. No puedo evitar sentir que algo esta mal, siento una punzada en mi sien. Abro los ojos y me encuentro frente a una gran muralla, larga, muy larga, tanto como el mismo horizonte. Comienzo a recorrerla, busco una salida, encuentro una entrada. Iluso yo, me adentro. Pierdo el sentido de la distancia, de la profundidad, la altura y la cordura. Corro en todo sentido, golpeo, rasguño esas paredes que me atrapan, me encierran y cada vez más cerradas. Trepo y la pared se hace mas alta. Grito y ni el eco acude a mi llamada. Lloro, me arrincono, me acurruco y en medio de la desesperación me duermo. Y sueño, sueño un sueño. Sueño que me encuentro frente a una muralla larga, muy larga. El deja'vu ya lo había superado, sabía que esta vez era distino, que era mucho peor. Al adentrarme las paredes cambiaban. Rotaban, se movian y hasta a veces me aplastaban. Me encontraba en la pesadilla de Dédalo solo que sin alas, y esta vez la unica luz brillante que me atraía no era el sol, sino la luz que, desde mi ventana, golpeaba mis párpados, ese sol de mañana que no me despertaba...

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